La superación de Luis Vai no sólo se refleja en las pistas. Nada fue fácil para él. Ante cada triunfo, antes debió lidiar con circunstancias tanto físicas como las de su profesión. El sábado, a bordo de Joy Filoso, en el Clásico América (G2), consiguió su primer impacto gradual, además de registrar su tercer triplete.
“Cuando te dicen que sos muy alto para ser jinete, te dan ganas de llorar, de largar todo. Si no recibís apoyo, todo se vuelve cuesta arriba”, explica el látigo tucumano, al cabo de una constante en su vida. Tal coyuntura no le impidió ganar una estadística en su provincia natal, de muy joven, aunque sí a la hora de ingresar a la Escuela de Aprendices del Jockey Club Argentino.

El traslado a Buenos Aires vino con un pacto. “El primer día le dije que iba a obviar su altura si me respetaba el peso reglamentario. Tenía 18 años cuando llegó, y medía 1,68m. Además intuía que no iba a crecer más.
22 de Marzo de 2018 ESPECIAL

Siempre cumplió con su palabra, incluso hasta el presente”, señala Héctor Libré, el director del establecimiento. “La Escuela siempre estuvo conmigo, como también muchos de mis colegas. Siempre me dijeron que no baje los brazos, que siga adelante”, sintetiza Vai cual espíritu de inspiración y fortaleza.
El último sábado ganó tres carreras. Ya había llegado a esa cantidad en dos oportunidades: 11 y 29 de noviembre de 2016, en sus tiempos de aprendiz. Lo que sí fue una novedad en su palmarés fue el éxito en una prueba gradual. “Que haya sido con Joy Filoso, un caballo de la Familia Carretto, la que siempre me acompañó, hizo que tuviese un sabor muy especial”, establece el más famoso de los cinco hijos de María y Pedro (éste, entrenador en Tucumán).

Los otros dos impactos del menú sabatino en el HSI llegaron de la mano del entrenador Pedro Molina y con el Stud – Haras La Providencia. Ambos vínculos también se unen en el momento más duro que sufrió desde que debutó en las pistas oficiales: a causa de un accidente, estuvo dos meses parado por quebrarse la clavícula en tres partes. “Fue un momento muy duro, pero ellos estuvieron ahí, muy cerca, incluso Pedro Nickel, Altair Domingos y todo el equipo de La Providencia sin conocerme tanto. Les voy a agradecer toda la vida por eso”, relata quien, entre tantas responsabilidades, es segunda monta de la cabaña brasilera.
Desde su primer suceso, el 21 de octubre de 2016, pasó mucha agua por debajo del puente. Es padre de Naiara, de siete meses, esposo de Paola y uno de los compañeros más respetados entre los alumnos de la Escuela. Para cada aspecto de su vida, el don de persona y el afán de superación por encima de todo.